Esta es la historia de un náufrago. Pero no un náufrago como Robinson Crusoe o cualquiera de esos que llegan flotando a una isla y sobreviven vaya uno a saber como, o que arman una balsa con la caparazón de una tortuga y pelo de su propio cuerpo. Éste es un náufrago real.
Uno que naufragó en sus propios sentimientos, uno que se perdió en sus pensamientos, uno que subsiste con sus esperanzas, uno que se alimenta de sus ilusiones, uno que puede ser rescatado por una única persona: él mismo. Porque para ser náufrago no es necesario subirse a un barco y -tras una violenta tormenta- terminar inconsciente flotando a la deriva, hasta llegar a una isla en la cual sobreviviremos de formas poco crédulas. Hay otras formas.
Un buen náufrago es aquel que piensa. Pensemos.
Bienvenidos ^^
jueves, 31 de diciembre de 2009
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